schedule26 septiembre, 2019
Marcelo López Mesa
Por Marcelo López Mesa
El Dr. López Mesa  es académico de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires - Profesor visitante de las Universidades Washington University (EEUU), Rey Juan Carlos y de La Coruña (España), de Savoie (Francia), de Coimbra (Portugal), de Perugia (Italia) - Autor de treinta y dos libros en temas de Derecho Civil y Procesal Civil – Ex Juez de Cámara en lo Civil y Comercial - Conferencista y publicista

En recuerdo de un verdadero maestro.
En estos momentos en que se le llama maestro a cualquiera, muy posiblemente porque las jóvenes generaciones no han tenido ninguno que merezca verdaderamente tal nombre y, entonces, no comprenden del todo el significado de esa palabra, resulta fundamental recordar y rendir homenaje a los que han sido auténticos maestros del derecho civil argentino.
Arquetípicamente merece ese alto sitial el maestro Fernando López de Zavalía que, además de un hombre profundo, era un formidable orador. Su verbo era cálido, pletórico de ideas y rico en imágenes, las que se desbordaban como una catarata, llenando el ambiente de infinitas alegorías, de portentosos destellos. Su prosa era barroca, cargada, como de Góngora, pero no era un hombre dado a los excesos en lo concerniente a la palabra. En sus alocuciones, sobre todo en la Convención Constituyente de 1994 y en el Congreso de la Nación, se puede entrever de a ratos el eximio literato que convivía con el jurista en su espíritu y que nos ha dejado abundantes pruebas en sus obras jurídicas, más profundas y mejor escritas que las de otros que han tenido mayor reconocimiento que él, muchas veces sin merecerlo.
Cabe aplicarle a él un párrafo de otro extraordinario orador, Belisario Roldán, a quien su elocuencia –antes que su obra escrita- lo elevó al rango de Académico de la Real Academia de la Lengua Española.
“Hombre providencial, se ha dicho, y se ha dicho bien. ¿Será que esta misma previsora naturaleza que atenúa sus propios rigores con la ternura de sus propios recursos, que pone al oasis en medio del desierto; que hace brotar el agua cristalina tras el largo arenal interminable; que brinda al aterido poblador de las regiones frías del norte el alimento ardoroso y tonificante a la vez que la fruta jugosa y fresca al de las maniguas tropicales. Será, decía, que esta misma previsora naturaleza dirige, a nombre de quién sabe qué solicitas e invisibles parternidades, el advenimiento a la tierra de los grandes misioneros humanos, de estas criaturas de excepción venidas al mundo corno con el mandato imperativo de traducir en magna facta las intergiversables voluntades del destino?” (ROLDÁN, Belisario, “Discursos completos”, ediciones El Aleph, Buenos Aires, 2000, p. 12).
Como en nuestro país –desafortunadamente- se valora más una inteligencia mediana pero mansa, que una extraordinaria pero crítica, juristas como López de Zavalía y Colmo no han tenido sobre ellos toda la luz que merecieron. Vaya este sencillo recuerdo para dos impares juristas, en un momento en que el país no los produce como antes.
Marcelo López Mesa

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